
y, sí, la cumbrecita es otro planeta.
yo, que durante toda mi infancia misfit tuve que seguir a mi familia campanelli y su amor laaaco por el mar, siento la presencia de terreno ondulado, arroyos y playitas de piedras, y el corazón se me pone a saltar de alegría como un cachorrito de golden retriever.
podríamos ser redundantes y decir que es como alemania, o suiza. pero como nunca estuve ahi, no puedo dar fe. y, más aun, para un par de ojos sudacas, ver que la gente camina teniendo la opción (no demasiado cómoda, pero opción al fin) de usar el auto, ver que está lleno -llenísimo- de flores que nadie corta, ver que no hay basura en el piso, ver que las expresiones de las caras son otras, me hace pensar insistentemente que, más que otro país, la que habita esa zona del valle de calamuchita es otra civilización, que tal vez hace un par de siglos fue la nuestra, pero que en algún momento decidió bajarse de la calesita de la posmodernidad.
e hizo bien. muy bien.
la cuestión es que desenrollamos calles, que hicimos tirolesa al grito de "
rockanrollneneneeenn!!!", que comimos unos lomitos ahumados que eran un crimen de lesa humanidad, y que llenamos nuestras botellas con agua del arroyo, que era riquísima.
creo que lo último fue un error. todavía me duran los coletazos de la descompostura. de hecho nos tuvimos que volver antes, previo paso por el sanatorio allende.... pero quién nos quita lo bailado.
me costó bastante pensar en un soundtrack para este viaje (que incluyó otros destinos, pero nunca tan flasheros como éste), porque el sonido era el del río que escuchábamos desde la ventana de la habitación, o la lluvia que nos persiguió como al espantomóvil, o el
swishhhhhhhhh de los cables cuando nos tirábamos, o algún que otro momento de guitarreada. y el cuarteto, claro, omnipresente en todos lados menos en la cumbrecita.
lo que sí nos pasó es que, en un momento de paha nos juntamos en el living de la casa-hostel en la que parábamos y nos pusimos a leer unas
rolling stone viejas que andaban por ahi. en el piso de arriba, alguien escuchaba
kamikaze, de spinetta. y nosotros (que éramos varios, y todos músicos) comentábamos horrorizados (o asqueados, o fastidiados, o todo junto) el contenido de las revistas. así que el disco de valeria gastaldi iba a ser la revelación de 2007... si, clah. lo decía
billboard, cómo no iba a serlo.
me pregunté si ese disco llegó a salir. y me dio mucha tristeza que todos y cada uno de los artistas que llenaban esas páginas parecían estar ahi por (o peor aun,
para) las producciones fotográficas. que, sin ninguna duda, son excelentes, pero que tapan todo lo que pueda llegar a decirse (cantarse, tocarse?) acerca de la música que producen.
qué es una revista de música? cómo transmitir en palabras lo que te da un puñetazo a nivel sonoro? todo lo que no se puede decir se rellena con imágenes photoshopeadamente perfectas, y descripciones idiotas que le quedan grandes hasta a pomelo?
qué tristeza tan grande. y qué discazo que está sonando arriba.... mi segundo disco favorito de rock nacional después de
artaud.
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hacía rato que quería hacer
quedándote o yéndote. es un tema que amo con el alma, un tema que conocí en una circunstancia académica inolvidable, y que creo que entra muy fácilmente en la categoría de himno. pero está hecho con piano sólo, cualquier cosa que hiciera iba a sonar demasiado parecido, y demasiado berreta, pensaba.
bueno, tal vez no era el momento de hacerlo entonces. pero todo lo que pasó allá en las sierras hizo que se disparara, sin importar demasiado el berretismo o no de mi versión. si tengo que resumir todos los sonidos de ríos, de piedras, de cables, de charlas y de tantas otras cosas que pasaron en estos días allá arriba, bueno, están acá, tocados, secuenciados, cantados y editados.
eso sí, la próxima vez mejor tomo agua mineral.